Primer Domingo de Adviento

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    Dos realidades podemos considerar en este principio de Adviento: el sentido de comunidad parroquial y la esperanza ante la venida del Mesías. Jesús no solamente viene en Navidad, sino que se le espera en su segunda venida. No solamente viene a nuestro corazón, sino que viene a nuestra comunidad cristiana. Le doy gracias a Dios por lo que significa haber recibido en nuestra Parroquia a Roxana. Esta chica comienza un proceso de catecumenado para ser bautizada y confirmada como adulta.

    Me pregunto qué he hecho yo, qué habéis hecho todos vosotros para recibir gratuitamente la Fe y el Bautismo cuando éramos  niños, sabiendo que ahora esta chica se preparará durante dieciocho meses para recibir los Sacramentos. ¿Nos preparamos nosotros cada día para recibirlo en la Eucaristía? ¿Somos conscientes de lo que significa la Navidad? ¿Esperamos la segunda venida del Señor? Es la misma venida y a la vez son tres venidas distintas.

     Cuando era chico, mi madre, antes de ir al colegio, abría conmigo las ventanitas del calendario de Adviento. Ahora Mercadona los tiene con chocolatinas. Antes eran motivos navideños, de esos que el colegio de Elche, en el uso y el abuso de la libertad, había prohibido llevar a los niños a sus aulas. Iban preparando a los niños a la llegada de Jesús. Después, en la escuela, preparábamos la cunita de Jesús con algodones que representaban buenas obras. Que si uno ayuda a poner la mesa, que si otro no replica cuando le hablan mal (porque si no, la discusión no termina nunca) que si otro hace un sacrificio dejando de ver un programa de televisión que le gusta mucho, o cualquier otra cosa. Preparemos la venida del Mesías.

    Pero esta preparación puede ser algo interior, que debe ir acompañada de la preparación de la comunidad. El viernes celebré Misa en la Catedral de la Almudena. En las ciudades no se nota la comunidad cristiana porque muchas veces no se conocen los feligreses. Lo que si se nota es la comunidad hostil. Hay muchos que no quieren que Jesucristo entre niño. Por supuesto, no lo querían como Rey, como ha hecho Polonia, pero tampoco lo quieren como Niño. Y nosotros, ¿somos conscientes de que formamos algo más que una comunidad de vecinos? ¿Nos sentimos fieles cristianos como los Apóstoles? Hace pocos meses me avisaron que en una casa había problemas. Le di gracias a Dios y pensé: “Ya hay comunidad cristiana en el pueblo. Nos preocupamos unos por los otros. Formamos algo más que un conjunto de personas que van a un lugar de culto. Somos una comunidad cristiana. Ayudaos unos a otros, no lo olvidéis nunca. Donde hay dos o tres reunidos en mi nombre, Cristo está en medio de ellos. 

    Las oraciones de la Liturgia de hoy, en este acto, que pueden encontrar en el Ritual de la Iniciación Cristiana de Adultos, y que a nosotros nos ha ayudado a descubrir y vivir la hermana María, delegada del Señor Obispo para este ministerio. Quiero compartir con todos algunas de ellas.

Párroco: ¿Cómo te llamas? Candidata: Roxana. Párroco: ¿Qué pides a la Iglesia de Dios? Candidata: La Fe. Párroco: ¿Qué te otorga la Fe?  Candidata: La vida eterna. Párroco: Dios ilumina a todo hombre que viene a este mundo y le manifiesta lo que permaneció invisible desde la creación del mundo para que aprenda a dar gracias a su Creador. A vosotros, pues, que habéis seguido su luz, he aquí que ahora se os abre el camino del Evangelio, para que sobre el fundamento de la fe conozcáis al Dios vivo, que habla en verdad a los hombres; y para que caminéis en la luz de Cristo, confiéis en su sabiduría y pongáis vuestra vida en sus manos cada día, y podáis creer de todo corazón en él. Éste es el camino de la fe, por el cual Cristo os conducirá en la caridad, para que tengáis la vida eterna. ¿Estás, pues, preparada para empezar hoy, guiada por él, ese camino?  Candidata: Estoy preparada. 

    Como ella, le pedimos al Señor estar preparados para recibirle. Poner los medios necesarios para ello, aunque muchas veces se nos pongan en contra la autoridades, aunque nos pueda la comodidad o el desánimo, aunque nos parezca que somos pocos (que en este pueblo no ocurre) aunque nuestra Fe flaquee. Recibamos al Señor con algún regalo cada día, desde nuestro interior.

     Si preparamos bien la Navidad, prepararemos también la esperanza teologal para decirle: Anunciamos tu muerte, proclamamos tu resurrección. ¡Ven Señor Jesús!. Ven pronto, Señor. 

 

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