¡FELIZ NAVIDAD, MAMÁ!

agosto-2008-017    Querida mamá:

    ¿Cómo se deben celebrar las navidades en el Cielo? Vuelves a tener amigos míos por allí, un año más. Quisiera que les dieras recuerdos. Aquí puede decirse que cada día te tengo más presente. Dicen que la pena aumenta al pasar el tiempo, pero yo cada día soy más feliz. Tanto, tanto, que la gente no se lo cree. No sé si será el sacerdocio, o quizás otra cosa que te explicaré luego.

    Gracias a Dios, parece que este año podremos volver a juntarnos. Si nos diéramos cuenta de la importancia de tenernos unos a otros. El encuentro entre hermanos debe ser recuerdo de la ternura de Dios hecho niño. ¿Allí Jesús es pequeño o es mayor? Siempre me lo he preguntado. ¿O va cambiando según los tiempos litúrgicos? Aquí los intelectuales se piensan que lo saben, pero me temo que no tendrán ni idea.

    Quería contarte tantas cosas… Ayer fuimos a Cuenca para ver el precioso Belén que han hecho en la Diputación este año. Es una maravilla. Al salir, pasamos por una feria de alimentos donde vimos a una simpática dependienta gallega, a la que le cambió la cara cuando le pregunté si iba a volar a Galicia el día de Navidad. Respondió inmediatamente: “No, vuelan ellos para estar conmigo”. ¡Qué gracias doy al Cielo por tus viajes a verme! Por los días que vivimos juntos en las ya muchas casas parroquiales. ¡Gracias también a todos los que vienen en un año, empezando por los nenes! Acompañan mucho la vida del sacerdote, además de ayudar en las parroquias. Se acaban de ir David y Javier. En realidad, entre cursillos pre-matrimoniales y viajes de familia y dirección espiritual, este año he estado pocos fines de semana sin compañía. Es una oportunidad única de compartir la Fe y, sobre todo, la Esperanza y el Amor.

    Del Amor quería hablarte, Madre. ¿Es posible que cada vez quiera más a los demás? A veces pienso que tiene que ver con que te hayas marchado al Cielo. Digamos que el amor que te daba hay que repartirlo entre todos, y como era tanto… Pero también puede ser que tú recibes más amor de Dios ahí en el Cielo, y también nos das más. Se nota en todo, en comprender a los demás, en paciencia para escuchar, en sufrir y estar pendiente de los que se dejan. Que esa es otra. Hay tan poco amor hoy día, mamá, que la gente se asusta de que les quieras. Unos te dicen que no necesitan nada, otros que te alejes. Cosas incomprensibles. Aquello que decíamos que las Obras de Misericordia hay que saber hacerlas y también recibirlas. A mí me encanta. Creo que me gustan ya hasta los consejos de los demás. Pídele a Jesús que el amor aumente, pero no sólo el mío, sino el de las familias, el de las comunidades religiosas, el de la Unión Seglar, el de los feligreses, el de los que no tienen a nadie, que encuentren quien les quiera; y que les quiera bien. Pero, sobre todo, que aumente nuestro amor a Cristo y que nos dejemos amar por Él.

    Quería resumirte el año, pero no me cabe ya porque dicen que los escritos son muy largos. Solamente por encima te digo que Inmaculada está feliz porque Fernando ha acabado la Tesis Doctoral. Yo tampoco voy más a la Universidad, de momento, pero el más contento de todos, papá. Tenía tantas ganas. Intento avisarte si nos dan el título, aunque a ti esas cosas te dan igual. Allí sólo sirven por el deber cumplido. Siervos inútiles somos.

   Me queda una cosa. Ve a buscar a Miguel Vilarroig. Se fue en junio, y no creo que tardara en llegar. ¿Te acuerdas de él, verdad? Dile que lo quiero mucho. Que muchas gracias por tantas cosas. Por haberme abierto su casa, por hospedarme en los caminos a casa, por arreglar la secadora y los altavoces, para rezar el rosario, por sus consejos, por su ejemplo de silencio, por… bueno, sabes qué, mami: dile lo que quieras que será mejor que lo que yo te diga.

   Creo que quedan más cosas por decirte, pero me reservo alguna por si te llamo algún día o si prefieres que te vuelva a escribir. Ay, si ya no llamo… Aunque algún día aún cojo el teléfono y, antes de marcar, me doy cuenta que para que hablemos ya no hace falta. Pídele a Jesús por mi perseverancia, como hacías aquí. Por los Padres Superiores, el obispo, por los compañeros, por aquellos que me necesiten ahora, y cuando sea. Por aquellos que estén solos en Navidad, por los niños sin hogar y los que están en las guerras. Que en todas partes, reine la paz de Dios, la que no puede dar el mundo.

   Te quiero mamita, te quiero, con cariño hondo, con amor sincero. Y no llores, Madre. ¿En el Cielo se llora? Seguro que sí. De gozo, como aquí.

   No te olvida, ni un día, ni un instante, tu hijo sacerdote: Antonio María

El resto de la correspondencia: ¡GRACIAS MAMÁ!¿Te acuerdas mamá?QUERIDA MAMÁ… tres años después

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