Gumersindo, descanse en paz

img-20170111-wa0007    Si tuviéramos que poner título a esta homilía sería: “Hay que aprender a vivir sin padre”. Cuando los jóvenes se conoce y empiezan a ser novios, han de aprender a ser dos. Cuando se casan, han de aprender a estar casados. Nadie nace sabiendo. Después viene el primer chico y hay que hacerle hueco. Después viene el segundo, y los que son cuatro, como vosotros, siempre piensan que les faltan manos. Después, cuando se empiezan a marchar, también hay que aprender que hay uno que ya no está. Sea porque se ha ido al extranjero, sea por la emigración de los pueblos. Cuando se muere un padre, también hay que aprender a vivir sin él.

      Y me decís que se ha muerto de golpe. ¿Qué es mejor? Casi que no lo sé, la muerte siempre es dolorosa, la muerte, vista con las verdades de la Fe es mucho más fácil asumirla aunque siempre cueste. Mi madre se estuvo muriendo durante diez años. Vuestro padre ha durado quince días. Creo que hay que dar gracias a Dios por cada uno de ellos y fomentar la Fe que tienen los padres, que mantienen los hijos y que, quizás algunas veces, buscan los nietos.

       Hay una frase hermosa que se ha atribuido a San Agustín, por estas cosas de las redes que ponen un texto y una foto al lado y nadie comprueba nada más. El texto procede del canónigo anglicano Henry Scott Holland, en mayo de 1910 al predicar en la oración fúnebre del rey de Inglaterra Eduardo VII. Se la añado aquí por si les sirve de reflexión: La muerte no es nada. Yo sólo me he dio a la habitación de al lado. Yo soy yo, tú eres tú. Lo que éramos el uno para el otro, lo seguimos siendo. Llámame por el nombre que me has llamado siempre, háblame como siempre lo has hecho. No lo hagas con un tono diferente, de manera solemne o triste. Sigue riéndote de lo que nos hacía reír juntos. Que se pronuncie mi nombre en casa como siempre lo ha sido, sin énfasis ninguno, sin rastro de sombra. La vida es lo que es, lo que siempre ha sido. El hilo no está cortado. ¿Por qué estaría yo fuera de tu mente, simplemente porque estoy fuera de tu vista? Te espero… No estoy lejos, justo del otro lado del camino… Ves, todo va bien. Volverás a encontrar mi corazón. Volverás a encontrar mi ternura acentuada. Enjuga tus lágrimas y no llores si me amas. Vivir estas verdades con el convencimiento de que Jesús nos tiene preparado el Paraíso, hace que respetemos más sus leyes y que pensemos más en los demás.

      A partir de hoy, id pensando quién es que lo pasa peor por la falta de Gumersindo. Esforzaos en hacer más fácil la vida a los demás, y eso os hará felices. Quizás no hay otra cosa que pueda hacer más feliz a uno mismo como entregarse a la felicidad de los de casas. También hay que interesarse por los refugiados, por los marginados, pero ¿pensamos en el prójimo próximo, en el de mi casa?

      Me preguntaba Maruja si se siguen diciendo misas por el difunto. Antes se decían según el dinero de la colecta, pero ahora no es así. Ahora se dicen siete Misas y el dinero es para las obras del templo. Podríamos decir que es la última ayuda de cada difunto. Desde que en un entierro fuimos poquitos pensé que no podíamos decir por uno, una sola Misa y por otro cincuenta. Al pueblo le pareció bien y así seguimos.

    Me disculparán que no les acompañe andando al cementerio porque no me encuentro bien. Llevo semanas con la gripe y hoy hace algo de frió. Dios les pague a todos su presencia.

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