¿Estás mal de la cabeza?

    Cuando empecé a estudiar Derecho Canónico pensé que todo el mundo sabía todo lo referente a las nulidades matrimoniales. Pensé que era algo que me faltaba aprender a mí. Ahora me he dado cuenta de que hay muchos católicos comprometidos que no entienden ni siquiera de qué va el tema. Por supuesto, mucho menos, la gente de a pie en lo que a sacramentos se refiere.

     He explicado en otras ocasiones cuál es el concepto de Las nulidades matrimoniales. Ahora quisiera analizar hasta qué punto estar mal de la cabeza es un impedimento matrimonial, ¿cuánto mal se necesita para ello? y si puede ser una excusa para todo lo que conlleva el pecado original. ¿Es esto el divorcio de la Iglesia? Un poquito de información sobre el tema nunca viene mal.

    Causas de nulidad hay muchas. Hoy vamos a analizar el canon 1095 del Derecho Canónico donde nos dice que Son incapaces para contraer Matrimonio: (es decir, aunque fueran a la Iglesia y se casaran, queriéndolo hacer, totalmente libres, su boda no serviría, no se habrían casado al salir) quienes carecen de suficiente uso de razón. Esto no quiere decir que estés rematadamente mal de la cabeza. Esto significa que tu coeficiente intelectual, tu estabilidad emocional o tu autodominio de las pasiones no llega a la mínima para poder convivir, educar hijos o ganarte el sustento dignamente. Si no puedes atender a las obligaciones básicas que comporta el Matrimonio, no puedes casarte. Es lo normal y ocurre en todas las circunstancias de la vida. Si no puedes estirar las extremidades no te admitirán en la federación de tiro con arco.

     2º. quienes tienen un grave defecto de discreción de juicio acerca de los derechos y deberes esenciales del matrimonio que mutuamente se han de dar y aceptar. Es decir, que hay que saber cumplir unas obligaciones y recibir unos derechos que una persona no siempre tiene por qué ser capaz de sobrellevar correctamente. En este mundo egoísta, no sólo ocurre que la gente no hace favores, sino que tampoco los acepta. Alguien que no quiere nada de otro en ningún caso, por ejemplo, no estaría válidamente casado. En otras palabras sería decir que acudió a contraer matrimonio sin saber lo que estaba haciendo. Lo que eso comportaba. No sabía que debía cambiar de costumbres, amoldarse a la otra persona. No es que no quisiera llevar a cabo ese dominio personal, sino que ni siquiera sabía que debía hacerlo. Parece mentira pero ocurre con frecuencia. Cuando alguien se traslada de residencia, en caso de estar casado, hay que tender a trasladarse con él. De lo contrario, la comunidad de vida y amor se rompe. Luego, no se puede casar.

   Hay un ejemplo bonito de un obispo que se negó a presidir una celebración del Matrimonio de unos parientes, porque no se ponían de acuerdo en el lugar donde iban a celebrar la Navidad. Si uno no está dispuesto a ceder por el otro algo tan sencillo como donde comer en una celebración, es que no puede afrontar el reto de casarse. Descender a los detalles es interminable, pero por lo menos hay que saber que puede ocurrir. Hay que tener en cuenta que no todo el mundo es consciente de lo que nosotros somos conscientes. Y esto no es porque haya aparecido una tercera persona. Esto es porque no se asume que a partir de ciertos momentos, en la vida, las circunstancias cambian, y pasamos a ser algo más que YO solo.

     3º. quienes no pueden asumir las obligaciones esenciales del matrimonio por causas de naturaleza psíquica. Hay enfermedades de la mente mucho más difíciles de averiguar y constatar que la pulmonía o el cáncer. Hay personas que su afán de llamar la atención o su egoísmo, o simplemente, su limitación de cualquier tipo que sea (siempre hablando psíquicamente) hacen muy complicado que cumplan correctamente sus deberes de padres o esposos. Esto no supone una discriminación de los enfermos, sino un empuje a reconocer las propias limitaciones de cada uno, una invitación al realismo. Como dice el Evangelio, si vas a edificar una casa (como el Matrimonio) mira si tienes para terminarla.

    El hombre es capaz de casarse, es cierto, pero para ello hay que saber vencerse, aceptar al otro, tener la capacidad de hacer feliz, de sacrificarse. No todos están preparados, no todos quieren poner los medios para estarlo. Si no te atreves a hacer feliz a una persona TODA LA VIDA, no te cases.

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