Tomás Navarro Briones

   La gente que sencillamente marcha, y deja esta tierra en calma, mucho se debe a una vida tranquila y sosegada. Pero sería ahora, desde que su esposa falta, porque si miratomas_pinarejo_20170126_1359561mos atrás, no fue fácil conseguir, paso a paso, lentamente, lo que hoy podemos llamar una buena familia valenciana.

     Hoy en la iglesia del pueblo hemos sido pocos, quizás la hora, quizás lo que les digo, que hace tiempo que no está su esposa; más de diez años, desde febrero del 2006. Hilaria Rubio Melero, nos dejó en Valencia aquél seis de febrero. Una OPA a Endesa de Gas Natural, un muerto en un tiroteo de Zaragoza, Raúl González se recuperaba de su lesión de rodilla y la vida seguía igual, pero para todos no, desde aquel día 6 nada será como antes. Tú conseguiste abuelo que siguiéramos felices de tenerte, tú conseguiste PADRE que la falta de mamá fuera un trago grande, sí; pero soportable.

    Ahora nos toca dar gracias a Dios por tu vida, por los nuestros. Parar en la prisa de cada día y ver si hago las cosas de cada día lo mejor posible, si valoro a mi hermano, a mi esposo y a mi prima, que aunque sea igual que yo, debo sacrificarme para seguirla viendo, que no queriendo, porque eso no cuesta, para eso se nace. También debemos pensar cómo llevamos la vida con aquello de rezar, aunque sea un Avermaría al día, o lo de niños del Ángel de mi Guarda, dulce compañía, no me desampares ni de noche ni de día. Pero lo más importante, lo que toca hoy, igual que en una boda se recuerdan las promesas y se acrecienta el deseo de hacer feliz a los que quiero, o el día del Jueves Santo los sacerdotes vuelven a decir SÍ QUIERO, Sí QUIERO con la gracia de Dios, a todo aquello que prometieron; hoy toca, como vengo diciendo, pensar en el día que esas rosas, en lugar de ser para ti abuelo; el día en que esas rosas me las pongan a mí.

       Es cierto que los rosas serán otras, pero se trata de no desear ese día que mi vida, hubiese sido otra. Hay muchas ocasiones en las que en días como hoy nos arrepentimos de periodos, de palabras, de actitudes. Yo sólo les pido mirar para adelante pero queriendo mejorar una cosa, una solo. Con Dios, con los padres, con los hijos, o en el trabajo. Una solo, puede ser poco, pero cuando uno quiere cambiar todo, es mejor no tocar nada. Cambiemos esa que más nos pesa, hagamos del día de hoy el primero de otra era. Y como decía tu nieta, aunque no estemos a tu vera, desde el Cielo, Tomás, no te olvides de tu familia, ni tampoco de tu tierra.

    Antes de despedirme quiero compartir con ustedes esas frases de epitafio que aunque dicen lo que ya sabemos, es tan bueno recordarlo, como veces lo habremos dicho, y muchas más pensado. No te guardes nada por decirle a quien aquí amas, para que puedas sentirlo, el día que se vaya, a esperarte con la yaya, con mamá, o con quién haga falta. A la abuela Hilaria, después del infarto la esperaba Vicente y María Josefa, a ti te esperan más, ellos, Eugenio y Juliana, a nosotros, esperadnos todos, y decidle a Santa Águeda, que si alguno no reza, se lo recuerde con un pequeño golpe de su palma.

Querido Yayo, 

En un lugar de la Mancha, Pinarejo, un 21 de diciembre de 1920 nacías… La guerra os asaltó, os marcó de por vida. Pero nunca te  oímos quejarte ni lamentarte, y eso te hace, si cabe, más grande. Una quinta la del biberón, que os hizo de una pasta ya extinguida. Demostrando tu fortaleza, hasta el último día. Quedan en nuestra memoria mil y una batallas, anécdotas, recuerdos y muy buenos consejos de aquél que ha vivido una vida tan intensa, larga y plena. […] Astuto, culto, guasón y porque no decirlo, también un poco gruñón. En mil y una ocasión demostraste tu valentía… incluso la de sobreponerte a la pérdida de nuestra Hilaria tan querida. Es hora de decirte orgullosos adiós y de dar gracias a la vida por haberte tenido entre nosotros hasta el día de hoy. Tu familia que te quiere. 

     El cura recoge en la Iglesia, las campanas doblan; en el cementerio, el ruido del roto ladrillo, el frío de un adiós largo aunque no eterno, los versos del hijo a su padre, las lágrimas de las nietas, y en la puerta, el coche de siempre, Santa Lucía…

    Adiós familia.  Ha sido un regalo estar con vosotros. Hasta la próxima, Dios os bendiga.

 

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s