Hoy Jesús os habla a muchos de vosotros

    Hoy podemos decir que las lecturas y el Evangelio llevan nombre y apellidos. Que si Jesús viniera a nuestra Iglesia, podría pensar en ti para decir lo que está diciendo. Ya el Apóstol San Pablo advierte: Fijaos en vuestra asamblea, no hay en ella muchos sabios en lo humano, ni muchos poderosos, ni muchos aristócratas… y más adelante dice: en este Cristo que Dios ha hecho para nosotros sabiduría, santificación y redención. Aquellos que no quieran las salvación, aquellos que no quieran ser redimidos y santificados, no serán obligados a ello.

    Sin embargo, está claro, que hay una sabiduría innata en los sencillos para las cosas de Dios. Una seguridad de que existe, de que vela por nosotros. No hace falta que nadie nos lo explique. No hace falta que veamos milagros, sabemos que está presente en nuestra vida, en las alegrías y en las penas, en la salud y en la enfermedad. Solamente se va por nuestra desidia y desprecio, o por nuestra indiferencia. También, pero en esos casos no llega a entrar, si nuestra prepotencia le cierra la puerta, porque no tienen necesidad de médico los sanos sino los enfermos. Aquél que piensa que no necesita de Dios, quede tranquilo que Dios no lo va a incomodar.

     Por todo ello, hoy, a muchos de vosotros os dice: Bienaventurados los pobres de espíritu,  dichosos vosotros los que os conformáis con lo que tenéis, vosotros que habéis estado toda la vida luchando para que un piazo de tierra diera de comer a vuestros hijos, vosotros que os habéis conformado con el clima sin maldecir nunca a Dios por ello, vosotros que habéis pagado justamente a vuestros trabajadores aun quitándoselo a los vuestros, vosotros que habéis enseñado a vuestros hijos a no poner el corazón en las cosas que se acaban, porque de ellos es el Reino de los Cielos.

     Bienaventurados los mansos, bienaventurados vosotros los que  habéis forjado la paciencia a base de silencio y comprensión, vosotros que habéis soportado afrentas en público y en privado, que os han girado la cara por un malentendido, bienaventurados tú y tú, y también tú porque no has deseado el mal de aquellas personas que no te saludan, y más tú porque si algún día alguien viene a reconciliarse o necesita algo le abrirás la puerta, bendito tú que no ten enfadas con tu esposa o que tienes paciencia con tus hijos aunque lleves razón, bieanventurados todos vosotros porque ellos heredaréis la tierra.

     Bienaventurados los que lloran, los que lloráis por la pérdida de seres queridos, por el abandono de los que no vienen a visitaros, los que os da pena la enfermedad de vuestros seres queridos, llorar no tiene por qué ser muestra de debilidad, sino de cariño, de conformidad, incluso de gozo y de alegría. Cuando estéis tristes, acordaos de quien es Consuelo de los afligidos, acordaos cuando cualquier cosa, por pequeña que sea, porque un día, un día no muy lejano seréis consolados.

     Bienaventurados los que tenéis hambre y sed de justicia, el peligro de nuestro tiempo es que nos cansemos de desear la justicia, seremos bienaventurados mientras pidamos al Cielo que se dé a cada uno lo suyo, el fruto de su trabajo, el premio del sacrificio, seremos saciados de todo lo bueno deseado, aunque ahora parezca ese momento lejano. Sin que a nadie se le tenga que hacer daño, pero que la justicia vuelva a ser realidad, que vuelva Dios a las instituciones, que vuelvas pronto Señor, si no hay otro medio de acabar con todo lo malo. ¡Ven, Señor Jesús!.

     Bienaventurados los misericordiosos, benditos todos los que no condenan sin haber primero siquiera preguntado, benditos los que saben que no a todo el mundo se le puede exigir lo mismo ni tampoco de golpe, benditos aquellos que saben que cada hijo es distinto aunque se les quiera por igual, que no hay mayor injusticia que tratar a todos con el mismo rasero, porque a quién más se le dio, más se le pedirá; y porque la medida que usemos la usarán con nosotros. Se está extendiendo, también entre los cristianos, la costumbre de juzgar lo que no entendemos, la de pensar que la doctrina recta, o nuestras pretensiones de saber nos dan derecho a opinar, incluso de lo que no sabemos, ay de los que no tienen misericordia de los demás, ay de todos esos, porque no alcanzarán misericordia, tengamos también nosotros misericordia con los que no saben lo que es, con los que no la entienden, con los que critican al Papa, a los obispos, a sus párrocos, a ti y a cualquier otro. Misericordia, Señor, misericordia.

     Bienaventurados los limpios de corazón, los de las buenas intenciones, los que son tan buenos que parecen tontos, aunque haya peores que también lo parezcan, los que no pueden tener un sentimiento malo, bienaventurado tú que todo en la vida lo has hecho para bien de los demás, y como decís aquí: Bienaventurado tú que no estás mal con nadie. Tú verás a Dios.

    Bienaventurado si trabajas por la paz, hijo de Dios; y si te persiguen por causa de la justicia, bendito tú porque esta noche estarás con Cristo en el Paraíso, porque cada noche será para ti un Cielo en la tierra esperando que Dios te premie. Bienaventurados todos vosotros cuando obráis así. Pedid por mí, para que actúe igual. Amén.

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