Margarita y Duco

        Queridos Margarita y Duco:

     Recuerdo claramente el día que, mientras preparábamos vuestro Matrimonio, esta celebración, y tantas cosas hermosas en torno a este día y al cada día de vuestra nueva vida me decíais: ¿Cómo puede ser que haya personas que digan que el Matrimonio es una Cruz? ¿Cómo puede ser que vean cruz a su mujer o su esposo?  Os dije que os contestaría algún día y voy a hacerlo hoy.

       Hay un cuento popular persa que dice así: Un buen hombre recibió una carta de un amigo. Le comunicaba que le iba a regalar un hermoso tapiz. Era precioso –le decía- y la carta hacía los mayores elogios del tapiz. Todo él estaba bordado en oro, representaba primorosamente unas escenas bellísimas de cacería, los colores estaban perfectamente conseguidos. Su valor era incalculable.

    A los pocos días llamaron a su puerta para entregarle el tapiz. Lo desembaló a toda prisa, y al verlo, no pudo menos de sentirse defraudado. Aquello no era sino un montón de hilos mal distribuidos sin formar dibujo alguno inteligible. Aquí y allá veía nudos empalmados de cualquier manera. Por ningún sitio veía aquellas maravillosas escenas de cacería de que le había hablado. ¿No será todo fruto de la imaginación de mi amigo? Llegó a pensar. ¡Tantos elogios para tan poca cosa!
   
    De repente, y casi sin advertirlo, dio la vuelta al regalo y respiró aliviado. Desgraciadamente lo había estado mirando del revés. Ahora sí pudo admirar lo riquísimos matices de los colores, las bellas escenas representadas… En fin, le pareció que su amigo se había quedado corto en las alabanzas.
   
    Así nos ocurre a nosotros con el sufrimiento. Depende de por donde lo miremos. Mirado del lado de acá nos parece un sin sentido, un absurdo. Visto desde los ojos de Dios puede convertirse para nosotros en una ocasión maravillosa para encontrarnos con lo mejor de nosotros mismos, con los demás y con el mismo Dios.
  

    Con la Cruz puede pasarnos lo mismo. Si la miramos desde atrás, nos puede parecer solamente peso, sufrimiento, dolor, hastío. Pero si la miramos por delante, entonces vemos a Cristo. El Padre Cué dice en “El Vía Crucis de todos los hombres” que no puede haber cruces sin Cristo ni Cristo sin cruces. Nosotros no podemos mirar a la Cruz sin mirar a Jesús, porque entonces nos aplasta. La Cruz con Jesús es vida, es consuelo, es camino para el Cielo, es paz y es redención. De la misma manera, la esposa es para el esposo y viceversa todas esas cosas. Vida mía, le decimos a quien queremos, consuelo y paz para el esposo. Camino para el Cielo será y es Duco para ti, Margarita, Redención para los dos, porque cada cosa que haga uno por el otro, lo está haciendo por Cristo. Como leemos en el Evangelio de San Mateo (25). Estuve enfermo y vinisteis a visitarme. 

     Para muchas personas comprometerse en las alegrías y en las penas, en la salud y en la enfermedad puede verse como algo arduo y difícil. Es porque les falta entrega y/o ilusión. Para vosotros es sencillo recordar que os ha unido la enfermedad. Una obra de caridad, unas visitas, unas conversaciones, querer descubrir la voluntad de Dios, esa frase tuya, Margarita, tan hermosa: no nos preguntamos que por qué, sino para qué ha querido Dios esto en nuestra vida es lo que puede ir marcando cada paso, cada día, cada alegría y cada tristeza.

    Entonces, ¿cómo se enfocan las cosas cuando no van bien? Tienen solución los problemas. Si no es la vida un camino de rosas. Creo que viene de maravilla recordar el día que celebramos. Me pasa muchas veces, de hecho me pasó en la boda de Mercè y Alberto, que de todas las opciones que doy para el Evangelio, coinciden. Hoy, os dije, leeré el Evangelio de la Virgen de Lourdes, o el de la boda. Pues bien: son el mismo. “Haced lo que Él os diga” resuena cada día en ese Santuario Bendito donde hemos podido estar muchos tantas veces.

     Hoy quiero poner en vuestra vida matrimonial, en la mía sacerdotal, en la de todos, también en la de aquellos que las cosas van mal, el ejemplo de aquel lugar. Pero no de el lugar cuando se apareció la Virgen, sino de aquel lugar ahora. No se puede decir que las personas que allí peregrinan tengan una vida fácil. He tenido la gran suerte de descargar aviones llenos de personas que no pueden moverse. Que van en camillas, en sillas de ruedas. ¿Por qué entonces es un pedazo de Cielo?

    Creo que por tres motivos: por la entrega, porque están en gracia de Dios y por la Virgen María. Esas tres cosas permiten la alegría que allí se respira. Esas tres cosas pueden hacernos vivir una vida matrimonial donde el gozo esté siempre presente. Junto al dolor, quizás, pero con luz. A la espera de la Gloria que no tendrá fin. Si vivís, no solamente hoy, sino siempre, con la gracia habitual que va derramando el Señor (además de la actual de este momento) esa gracia que podéis pedir juntos al rezar, entonces será, no sólo posible, sino fácil, entregarse al otro. Será no sólo posible sino necesario, poner cada mañana en manos de una Madre llena de gracia, que no nos deje, que ruegue por nosotros, pecadores.

Un consejo me queda. Aprendamos a pasar las páginas de nuestra vida como los niños, como los pequeños libros, no nos atasquemos en una cosa pequeña días y días, no le demos al diablo el beneficio del disgusto además del enfado. Busquemos soluciones, no culpables. Que la Virgen de Lourdes nos lo conceda a todos.

 

Otras homilías de boda: ¡A sus órdenes, mi Teniente!¿Por qué esta boda ha sido diferente?

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s