Descartes, ¡MENTIROSO!

    Dicen algunos que las causas de la descristianización y secularización de la sociedad son tres y vienen de lejos. Descartes y su falso “pienso, luego existo”, Lutero y su aplicación a la Biblia y a la doctrina del cartesianismo, y lo que podría llamarse como una aplicación a la política de lo mismo: la Revolución Francesa. ¿En serio que todavía no nos hemos dado cuenta que lo de la igualdad, la fraternidad y todo eso que predicaban es una mentira como un campo de béisbol? ¿De verdad que te lo crees todavía?

     Queridos lectores, las cosas no son como nosotros las pensamos. La realidad no es un reflejo de lo que a mí se me ocurre, no es verdad que existo porque pienso. Lo que debemos hacer es adecuar nuestro pensamiento a la realidad. Cuando las cosas no son así metemos la pata y llegamos a decir: “¡Qué raro! ¿Cómo ha podido pasar eso?”. Por este motivo va mal la política, por eso fracasan los sistemas educativos, por eso hay crisis intelectual y por eso dice un amigo que no hay cosa más difícil que explicarle lo evidente a un tonto. Hasta un niño pequeño se da cuenta de que porque él quiera un juguete, o piense que los deberes se harán solos, ni aparecerá el juguete ni los deberes se harán solos.

    Los colores son los que son, no dependen de como yo los vea. Si soy daltónico, veo mal, no es que los colores sean distintos depende de quien los mire. De ahí llegamos al “tu opinión”, “mi opinión”. Verdad hay una para cada cosa, o nos adaptamos o nos equivocamos. Es así. Radical como Jesucristo, como el Evangelio. Si hasta aquí estás de acuerdo, si no, puedes mirar otra cosa, porque como decía Aristóteles: “de principibus non est disputandibus” (no hay discusión posible sobre los principios).

    Bien, a partir de aquí quiero explicar que la Iglesia es la que interpreta correctamente la Biblia (contra Lutero) y los Mandamientos (contra  la “legalitè”), pero de esto podemos hablar otro día porque ahora voy contra los que se enrabian y encabritan contra Lutero pero después caen en el mismo error, porque los extremos se tocan.

    He oído hace poco que algunos documentos de la Iglesia “están mal”. Tenía un buen profesor que decía cuán atrevida es la ignorancia. Yo no sé si es eso u otra causa, pero cómo se puede decir que o pensar (aunque sólo sea pensar) que yo tengo más razón que la Iglesia y que las cosas son como yo las veo, en la vida religiosa o en cualquier otro tema teológico. Es decir, que aquí estoy yo que sé más que todos. Sólo cabe una explicación. El cartesianismo que podríamos llamar “espiritual”. La vida religiosa es como yo la veo, no como dicen los documentos pontificios inspirados por Dios para este momento de la historia. No podría ser que quizás, sin ánimo de ofender a nadie, se equivoca el que piensa así. No deberíamos adaptarnos a lo que manda HOY la Santa Madre Iglesia. ¿O es que ahora valgo más yo o mi criterio que lo que manda el Papa? ¿O es que la obediencia solamente vale cuando me mandan lo que  yo quiero?

   Otras personas se extrañan de que sus institutos no tienen vocaciones o han perdido muchas, después de ser los más fieles de la Iglesia, cuando otros hacen todo mal. ¿No será que Dios bendice aquellos que son fieles al Papa y a las enseñanzas del Magisterio? Hay institutos de vida consagrada que llevan décadas sin hacer caso, cuando León XIII ya avisaba de que esto ocurriría. Lo peor, es que no reconocen su error y se piensan que son todos los demás los que se equivocan. Porque piensan así, como Descartes, dejarán de existir. Y no se piensen que serán víctimas de una persecución orquestada del modernismo imperante, ni tampoco del humo de Satanás. Sencillamente tendrán que escucharse aquello de “ya se lo habíamos advertido”. Descartes mintió. Hagamos caso de los documentos. Los documentos no están mal, o no los comprendemos, o no sabemos aplicarlos, o nos falta virtud y los que estamos mal somos nosotros. Ese es el espíritu de conversión: el espíritu de Cuaresma. No tienen que cambiar todos los demás. Debo cambiar yo.

   Dios no es como nos pensamos. Jesucristo es un misterio. No es la voluntad de Dios lo que yo quiero, ni hablo siempre en su nombre. Y mucho menos, todo lo que se me ocurre existe. Recemos por la Iglesia, por el Papa y por los que se creen más papistas que el Papa.

    ¡Viva el Papa! Roma locuta, causa finita.

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