¡Quién tuviera tu Fe! Esperanza

    O quién tuviera tu Esperanza, podríamos decir también. Me vienen a la memoria tantas cosas. Voy a explicaros antes que casi no conocí a mis abuelas. La madre de mi padre murió antes de nacer yo, y la de mamá cuando era aún un crío. Por eso creo que puedo deciros que he hablado más con Esperanza que con mis abuelas.

    Cuando llegué al pueblo me costó hacerme a sus bromas. Recuerdo, con la casa en obras, que venía a protestar de cosas que no le gustaban. Con aquél famoso “ya que” de los pueblos. Ya que ha pintado usted, podría también… y ya que va a arreglar la entrada de la Iglesia, por qué no pone…  y así siempre. En realidad, supe que se estaba poniendo mal porque dejó de decirme esas cosas. Y después, me explicó tantas. Hemos viajado juntos, hemos comido en familia, en este momento lo único que quiero deciros, a Esperanza y a vosotras, querida Jacinta, querida Esperanza y también tú, que vives lejos, querida Auri. A vosotras os quiero dar las gracias por tantos detalles, por vuestra cercanía y por haberme tenido al lado de mamá como un hijo más.

   No os voy a hablar de las cosas de mamá que le toca juzgar a Dios, que esas es suficiente con que las tenga Él en cuenta y hoy pedimos que se las perdone, como le pedimos nosotros perdón, en el día de la Transfiguración. El Señor se llevó a los Apóstoles, se transfiguró delante de ellos, cogiendo las apariencias que tendremos al resucitar, y después, los tocó y les dijo que no debían temer.

    A veces, cuando nos toca Jesús, cogemos miedo; cuando debería ser al revés. Perder el miedo cuando vemos que es Él. Como los Apóstoles cuando lo vieron andar sobre el agua. Decía alguno: “Es Él” y ya se quedaban tranquilos. Hoy le pedimos que toque nuestro corazón y lo transfigure, que cambie nuestro corazón de piedra en un corazón de ternura, como está diciendo el Papa, repetidamente.

    Mamá tenía esa Fe. No sé si más ahora que cuando era joven, pero ella hablaba con Dios en su oración. Ella hablaba con Él. Estoy seguro. “Le puedo pedir que me lleve con Él”… Y le ha hecho caso. Se la ha llevado. Y también quiso que recibiera los Sacramentos al final, aunque había recibido muchos.

    En la residencia la cuidaron bien. Cuando se iba con vosotras estaba feliz. Sus semanas cerca de la capital, creo que fue en Navidad, las explicaba de una manera especial; de Cristina que os voy a decir, no se le caía de la boca. Os quiero invitar a charlar con ella de vez en cuando. Los cristianos creemos que está con Dios, contadle cómo os va, rezad con ella, quisiera que en el prisma de visión que tengáis del Cielo cuando recéis, la incluyáis también, con papá. Hoy pedimos a Dios por ellos. Ofrecemos su cuerpo y su sangre en el altar, para que el día que llegue nuestra hora estemos, al menos, tan preparados como ella.

    Quiero dar las gracias, en nombre de la familia, a todos, espero que comprendan que no habrá pésame, por la hora, y que no ha podido se a otra hora, ni he podido ir a la casa a buscarla por ser domingo. Quien quiera puede acompañarnos rezando al cementerio, y recuerdo que daré la comunión primero en los laterales y luego en el centro, que la salida la comienza la difunta y luego la familia y que las Misas de los siguientes días, a partir del miércoles serán por su eterno descanso. Acudid a Misa allá donde estéis. Con eso basta.

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