Tercer domingo de Cuaresma

      Celebramos estos días tres acontecimientos que no pueden pasar desapercibidos y que tienen gran relación entre los tres. Las frase del Maestro, sus gestos y actitudes retumban sin pausa en los oídos de aquellos que se consagran al Señor en el sacerdocio. A la samaritana, allí, junto al pozo le dijo frase contundentes: Créeme, mujer: se acerca la hora, ya está aquí, en que los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y verdad, porque el Padre desea que lo adoren así. La respuesta de la samaritana es una confesión de Fe: Sé que va a venir el Mesías, el Cristo; cuando venga Él nos lo dirá todo. Jesús le dice: “Yo soy, el que habla contigo”. 

     Hoy, en este día del Seminario, que se celebra en todo el mundo, para pedir al Santo Patrón de la Iglesia que “envíe obreros a la mies”, pedimos también que sean referentes de Cristo. Que no se prediquen a sí mismos, sino a Él, que lleven a todos los corazones la disposición de orar y vivir en espíritu y en verdad, como le dijo el Señor en el pozo a aquella mujer. El trato con las mujeres ha sido, en muchas ocasiones, mal visto, por diversos motivos. La dignidad de la mujer, su especial llamada a la santidad, en la imagen y bajo el manto de María Santísima, sea para los candidatos al sacerdocio el único punto de partida y de llegada en todo su ministerio: siempre y en todo sacerdotes, pero sin despreciar a nadie, sin miedo a nada ni a nadie.

    “El que beba del agua que yo le daré, nunca más tendrá sed” “Señor, si no tienes cubo y el pozo es hondo, ¿de dónde sacas el agua viva? Aquél que había creado los ríos y los mares, la lluvia y el rocío, le pide agua a una persona de Samaria, mal vista por su raza, a una mujer, con la que no hablaban, por desprecio, en aquellos tiempos. Más vale quemar la ley que perder el tiempo en explicarla a una mujer, se decía por entonces. Jesús hace todo lo contrario a lo que estaba establecido. Rompe los esquemas, no le importa “lo que diga la gente”. Solamente le importa el bien de aquella que está hablando con Él, y con su bien, el de todos aquellos que leeríamos sus palabras.

    Pero Jesús quiere también que aportemos, nunca mejor dicho, nuestra pequeña gota de agua, como las gotas que se añaden al vino, que serán la sangre de su Pasión y Muerte. Toda la sangre, con una gotas de agua. Nuestras pequeñas obras no hacen falta para la Redención, pero Cristo quiere unirlas al Sacrificio de la Santa Misa. Por eso también le pide agua a la samaritana. Porque se pensaban que no podían rezar porque no tenían el Templo, porque era una mujer y para que pudiera aportar algo en su arrepentimiento, en su camino hacia Él.

     Hoy, la Iglesia reflorece en aquellos que siguen al Señor, dejando una vida cómoda y hedonista. Hoy es más difícil que ayer renunciar a todo porque el todo es más que la parte, antes se tenía muy poco, y aunque fuera poco, sí se dejaba, pero no hacía falta dejar la comodidad (porque no había), no hacía falta dejar la comida (porque muchas veces había más en los seminarios que en las casas).. Hoy seguir al Señor, por todo ello, es más urgente que antes. La ayuda económica es muy importante. Os invito a todos a hacer un pequeño sacrificio que sirva de ayuda para los estudios y mantenimiento de las casas de formación y de los seminaristas; pero, sobre todo, os pido una oración. Os pido rezar conmigo esta hermosa oración:

    Jesucristo, Salvador del mundo, que a orillas del mar de Galilea llamaste a los apóstoles para constituirlos fundamento de tu Iglesia y portadores de tu Evangelio, te pedimos que hoy sigas fijando tu mirada en niños y jóvenes de nuestras familias, de nuestras parroquias, comunidades y movimientos, invitándolos a seguirte en la vida sacerdotal y religiosa. Dales luz que disipe sus dudas y decisión para que te sigan y se embarquen contigo dejándolo todo. Infúndeles confianza y sabiduría para llevar tu palabra y el testimonio de tu amor a los hombres y mujeres de nuestro tiempo. Buen Pastor, fortalece a los que elegiste; y ayúdalos a crecer en el amor y santidad para que respondan plenamente a tu llamada. María, Madre de las vocaciones, ruega por nosotros. Amén. 

   El Patriarca San José, patrón de la Iglesia, de los que no tienen trabajo, de los seminaristas, de la familia, de la buena muerte, y de tantos que siguen el camino de la entrega a la voluntad de Dios, nos acompañe siempre en el descubrimiento hermoso de los misterios del Corazón de María. Ese Corazón que nos lleva a Cristo, ese Corazón que, como dijo en Fátima, ¡por fin, triunfará! bien seguro, pero no por nuestros méritos, ni por las buenas obras, sino por la infinita misericordia de Dios y por la súplica de tantos que interceden por nuestra perseverancia, por nuestra fidelidad, en espíritu y en verdad, a la confianza del Santo Patriarca de Nazaret.

     Les dejo con unos puntos de meditación al Santo de estos días pasados.

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