Jesucristo dijo: VOLVERÉ a vosotros

       En el Evangelio de San Juan 20,20 dice: Y los discípulos se llenaron de alegría al ver al Señor. En la primera lectura de hoy, en los Hechos de los Apóstoles dice también: de muchos poseídos salían los espíritus inmundos lanzando gritos, y muchos paralíticos y lisiados se curaban. La ciudad se llenó de alegría. San Pedro en la segunda lectura da un paso más. Es como si no le bastara con la alegría y llega a decir: Glorificad en vuestros corazones a Cristo Señor y estad siempre prontos para dar razón de vuestra esperanza a todo el que os la pidiere; pero con mansedumbre y respeto y en buena conciencia, para que en aquello mismo en que sois calumniados queden confundidos los que denigran vuestra conducta en Cristo. Las últimas palabras también son esperanzadoras en sí mismas. Es decir, que se confundirán los enemigos hasta en aquello que persiguen. Y atentos que no hace falta que sean muy enemigos, basta con que calumnien.

      Sin embargo, no basta con estar alegres, como los Apóstoles cuando el Señor les mostró que era Él, después de resucitar, ni siquiera cuando los milagros que ocurren a nuestro alrededor nos dan motivos para estarlo, sino que hay que confiar siempre en las razones que nos hacen sonreír pensando en el mañana. En las razones de nuestra esperanza. Y además de eso, contarlas a los demás. Vivimos en un tiempo en que muy pocas personas hablan de lo bueno. Solamente nos quejamos, haciendo más ruido cuando algo no sale como querríamos. Por miedo a qué sé yo qué complejos o peligros absurdos no hablamos de las virtudes de otros, del bien que recibimos del Señor, llegando incluso a llamar “vanagloria” al cumplimiento del mandato de San Pedro. Hay que contagiar la alegría a los demás, fundamentada en los motivos que el Señor nos explica en el Evangelio.

      Habla en primer lugar del cumplimiento de los Mandamientos. ¿O no es poco milagro que vuestros hijos sean honrados y traten de vivir cristianamente? Dice también que nos enviará otro Paráclito. Que nos enviará el consuelo del Espíritu Santo. A los Apóstoles no solamente los confortó mucho sino que les dio el carisma necesario para salir a predicar. No sé si nosotros deberíamos pedírselo también. No sé si somos capaces de hablar de Cristo a tiempo y a destiempo. Al menos tanto como hablamos de fútbol o del trabajo. Si no lo hacemos así, está claro que no podremos dar razones de nuestra esperanza porque son esas las razones, las únicas razones. Que more y esté en nosotros el Espíritu Santo se nota en el rostro, en palabras, en TODO.

    El que cumple los Mandamientos es el que ama a Cristo, y podría decir, el que no, no. Y es entonces cuando el Señor habita en nosotros. Vosotros en mí y yo en vosotros. Cuando alguien tiene en Él a Cristo, se le nota. Y cuando no lo tiene, tristemente, también se nota. Lo que ocurre es que nos acostumbramos a no tenerlo y puede llegar un momento en que no lo echemos en falta. Pero no solamente nos promete su amor sino que también dice: me manifestaré a Él. Esto es muy difícil de explicar para aquél que no lo vive. Para el que no ama a Cristo es casi imposible que crea que se manifiesta. Tienen a Moisés y a los profetas, que los escuchen. Si no los escuchan no se convencerán ni aunque resucite un muerto” (Lc. 16, 29 y 31) le decía en la parábola al rico el profeta Abrahán.

      Sin embargo, no basta con el Espíritu Santo, los Mandamientos y la manifestación y compañía de Cristo. Hay otro motivo de esperanza. La segunda venida del Señor. En los números 41-48 de la Spe Salvi el Papa Benedicto XVI nos habla del Juicio como lugar de esperanza. En la Santa Misa lo repetimos después de la Consagración: Anunciamos tu muerte, proclamamos tu Resurrección, VEN SEÑOR JESÚS. No os dejaré huérfanos, volveré a vosotros. Ante los acontecimientos que se suceden, ante un día a día deshumanizado en una sociedad sin Dios no debemos olvidar que Cristo volverá, y esa esperanza, los cristianos, no solamente hemos de vivirla, sino tratar de contagiarla a los demás.

   ¿Cómo? De todas las formas posibles, ¿cuando? a tiempo y a destiempo, ¿a quién? a todo aquél que se pare a charlar con nosotros, en cada momento. Empieza hoy. Amén.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s