Una vez a la semana. ¿Suficiente para los abuelos?

      En los últimos días reflexiono sobre una de las hermosuras más destacables de los pueblos donde he estado sirviendo como párroco: el cariño, el cuidado y la constancia de aquellos que cuidan a sus familiares de más edad o aquejados por cualquier enfermedad es edificante.

     Sin embargo, me planteo si en alguna ocasión nos contentamos porque ocupen un lugar en nuestra agenda. Del estilo una vez a la semana, una vez al mes, o algunos, incluso, una vez al año. No se trata de dejar fijada una cantidad de tiempo que nos tranquilice la conciencia. Creo que hay que ir replanteándose la ajetreada vida que llevamos para ver si estamos haciendo todo lo posible por nuestros padres, abuelos, tíos, etc.

     Con mis acostumbrados viajes a los cementerios, ese lugar donde esperan la resurrección, ocurre que uno va viendo muchas cosas y oyendo muchas más. Les aseguro que es amargo y de difícil consuelo escuchar el llanto amargo de aquellos que no han cuidado como se debe a sus mayores. Sin embargo, aquellos que han hecho todo lo posible y, en ocasiones lo imposible, por los suyos, aquellos que han volcado su cariño, renunciando a SUS cosas y dándose a quién los necesita, no solamente dicen “descansen en paz”, sino que la paz llega a su corazón.

     El pasado sábado celebramos el Día de la Familia, como todos los años, en la Residencia María Perona, de Santa María del Campo Rus. El cariño del personal que atiende desde hace ya muchos años a los abuelos que allí residen emociona si se conoce desde dentro y también si lo disfrutan algunos de tus amigos y familiares cercanos. En esta ocasión las hijas de Esperanza trajeron un pequeño obsequio por el cariño que allí recibió su madre. He vivido cerca de ella mucho tiempo, le he escuchado muchas anécdotas e historias, la he llevado a visitar a su nieta, cuando estaba enferma en Valdemoro. Les puedo asegurar que la residencia le cambió la vida. Estaba feliz, alegraba con su chascarrillo constante. No sabía leer las letras, pero leía las caras, los gestos, la ternura. No digo que sea obligación de los profesionales dar lo mejor de sí, digo algo más. He vivido situaciones de heroicidad en muchos aspectos que hacen de la residencia un regalo.

    Todo lo dicho, el hecho de haber encontrado un lugar idóneo, quizás no justifica que utilicemos dicho lugar como plaza de párking. Acudiendo solamente cuando se acaba el ticket de la zona azul. El ejemplo sirve porque muchas veces vamos tan acelerados que nuestros padres pueden ser un evento más en la agenda. Cuidado cuando estemos a tiempo de solucionarlo. Las lágrimas que llegan tarde ni limpian ni curan. Solamente amargan.

     Si todavía tienes padres, si vive quien te dio la vida, si tienes el regalo de poder cuidar a quien más te ha querido, para. Reflexiona. Escribe de nuevo tu escala de valores porque puede ser que estés colocando todo en orden inverso. Cuando sea demasiado tarde, ya no hará falta. Si ves que tu padre o tu madre no cabe, si no puedes dedicarle NADA de tiempo, cambia de sitio, cambia de agenda, cambia de ciudad, CAMBIA ALGO PORQUE ALGO ESTÁS HACIENDO MAL: con una vez a la semana, quizás no hay bastante. Ese tiempo que pensaste dedicar, puede que necesite un replanteamiento. No sometas a tu madre a un ERE de tu tiempo. Hay más alegría en dar que en recibir. Nunca lo olvides.

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