No tengáis miedo

    Hace pocos días subí un vídeo a Youtube sobre la cosecha. El vídeo expone, simplemente las tareas que tienen lugar en esta época del año en los pueblos de Castilla. Un comentario, que les adjunto, al ser público, dice que no está de acuerdo con eso de que el trabajo es hacer la voluntad de Dios. 

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    Que a una persona no le parezca cierto que “se trabaja para hacer la voluntad de Dios”, no le quita verdad a la afirmación, puede ser que no sea su caso, puede ser que no le parezca bien, pero eso no cambia la posibilidad de que algunos lo hagamos así. Cada día, cuando cocináis o preparáis la cena, cuando vais al campo, cuando estáis con vuestros hijos, estáis preparando el día en que, en el juicio final, solos tú y Él, podáis decirle que cumplisteis con vuestra obligación con todo el amor y el ahínco que os fue posible.

     Retomamos el tiempo ordinario, estos domingos en que el sacerdote vuelve a usar los ornamentos verdes, pueden servir para pedirle al Señor que hagamos extraordinariamente bien, lo ordinario de cada día. Estamos ofreciendo la Misa por Juan. Él tenía una gran empresa, y a él le pedirán cuentas por cómo cuidaba a sus trabajadores, el material, sus clientes. Pero no es más importante que el portero de la fábrica, porque cada uno tiene que hacer aquello para lo que está llamado, y santificarse con eso.

    Muy importante hacerlo, independientemente de lo que piensen los demás. No tengáis miedo a los hombres, dice el Evangelio. La opinión que tengan de nosotros no tendrá importancia ni al final de nuestro tiempo, ni ahora. Cumplir la voluntad de Dios debe hacerse sin miedo. Tenemos muchas ocasiones en las que hay que ser valientes, prescindiendo de la opinión de cualquiera. Lo que Dios pide a cada uno, es distinto, pero todos recibimos las gracias necesarias para ir al Cielo.

    Lo importante es ser testigo de Cristo, no sólo en lo que hacemos, sino también en lo que pensamos y decimos. Integrar la voluntad de Dios en cada una de las cosas que hacemos, pero también en las cosas que nos suceden. Los acontecimientos de nuestra vida pueden ayudarnos, incluso cuando no nos parecen buenos o, aparentemente, nos perjudican. Si uno me niega ante los hombres, yo también lo negaré ante mi Padre que está en los Cielos. Jesús no da rodeos, habla claramente. Eso sí, la decisión es tuya.

      Sin embargo, también nos promete su mano providente porque valemos más que los gorriones. Si nos persiguen o no, si les parece bien o mal, Jesús cuida a todos aquellos que quieren vivir para él. Su mano se ve, muchas veces con los ojos de la Fe, y también, esa misma Fe ayuda a ver a Dios, también con los ojos naturales. Hoy le pedimos ayuda al  Señor para integrar la vida en Cristo y a Cristo en nuestras vidas.

    La confianza en la providencia divina, puede empezar siendo una opción, pero cuando es una elección, una decisión radical, se convierte en fuente de paz y de felicidad, también aquí en la tierra. Que el Corazón de Jesús, a quién honramos este viernes pasado, pueda concedernos esos deseos dentro de nuestro corazón cada uno de los días que nos queden hasta que el Señor vuelva con la majestad de su realeza.

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