Carta abierta a los papás de Charlie Gard

Queridos Chris Gard y Connie Yates:

     En primer lugar, quisiera pediros disculpas por no escribiros en inglés. Aprendí en la escuela a hablarlo y escribirlo, pero no sabría expresar lo que llevo en el corazón en vuestra lengua materna. También pido perdón por no ser capaz de haceros llegar estas letras en persona y hacerlo de esta manera.

    Los medios de comunicación se han hecho eco de la situación en la que os encontráis cuando se va a cumplir pronto el día del primer cumpleaños de vuestro hijo. Un niño valiente al que estáis ayudando a luchar contra la enfermedad pero, sobre todo, contra la cultura de la muerte.

     Antes de continuar, voy a tratar de presentarme. Soy Antonio María Domenech, sacerdote católico de una pequeña (en población) diócesis española llamada Cuenca. Soy párroco en unos pequeños pueblos del entorno rural de la Mancha. No sé si conocéis el Quijote, o quizás, la ciudad. Vuestros rostros muestran fortaleza, ternura, y mucho amor. Por mi condición sacerdotal he enterrado a algunos niños, he visto y oído ejemplos de madres y padres valientes en los cementerios y, después, en el transcurso de sus vidas. Es duro, pero es posible. No tengáis miedo en buscar quién os ayude.

        Después de estudiar los cursos de doctorado en la Universidad de Derecho Canónico de Madrid, y hacer una tesis sobre la libertad de conciencia, puedo deciros que vuestra realidad me quita el sueño. El problema real está en que unos jueces, avalados por los votos de vuestros compatriotas, o por las leyes de vuestro país, o por la opinión pública, ese falso criterio que ahora distingue el bien y el mal, quieren impediros que luchéis por la vida de vuestro hijo. No sé cuánto durará esto, no sé si Dios tendrá paciencia, nuevamente, ante este mundo que se empeña en arrebatarle sus funciones como dijo la serpiente en el Paraíso: “Seréis como dioses”. Igual que ella, no os dejan ni llevar a vuestro hijo a casa, ni siquiera utilizar el dinero que habéis conseguido para curar o tratar de mejorar la vida de vuestro bebé. No esperaba que en los tiempos del liberalismo reinante esto llegara a ser posible. La demócrata Inglaterra impone condiciones al más puro estilo Hitleriano, quizás sólo porque cuesta dinero a las arcas del Estado de los lores.

    No le deis muchas más vueltas a la cabeza. Las penas de muerte de muchos de nosotros están dictaminadas desde que la Eutanasia empezó a caminar. Primero nos dijeron que elegirían los enfermos, después los padres, tutores o curadores, y ahora, ahora ya lo deciden ellos. Condena de muerte para vuestro hijo porque no vale el sufrimiento para nada ni para nadie. Para vosotros sí. El ejemplo de coraje y tenacidad que habéis dado al mundo, tiene que ser semilla de bien para muchos. Ese sufrir juntos hará que os améis más el uno al otro. Decidle a todos lo que habéis vivido. Si por fin vuestro hijo muere, (por no poner otro verbo), hablad con él, que estará con Dios, esperando la Resurrección de los muertos, esperando a daros un abrazo y un fuerte beso a cada uno.

    En Teología no saben explicarnos la edad que tendremos al resucitar. Yo creo que vuestro hijo será bebé. Como ahora. Creo que os esperará chiquitín, junto al niño Jesús, con los Santos Inocentes, porque los Herodes de nuestro tiempo no podrán impedir que la esperanza del Cielo os mantenga vivos y unidos. Rezad juntos, hablad con Dios, con los ángeles y con vuestro nene. Si podéis, dadle un hermano. ¡Qué triste la vida de aquellos niños solos que no saben qué significa la palabra “brother and sister” porque sus padres no quisieron tener más hijos!

     Si tenéis papás vosotros, visitadlos mucho, hablad con ellos, salid de vacaciones cuando os vuelva el ánimo. Sabed siempre que, no muy lejos de vuestra patria, aquí en un pueblo perdido de las llanuras de Castilla, un cura rural, en Misa, con la sagrada forma entre las manos, manteniendo en alto la sangre de Cristo, dice pensando en vosotros también: Por Cristo, con Él y en Él, a ti Dios Padre Omnipotente todo honor y toda gloria, por los siglos de los siglos. A recibir esta gloria vaya vuestro hijo, y con Él y como Él viváis siempre hasta que os llame, aceptando la realidad aunque no la injusticia, hasta que el verdadero Señor de la vida y de la muerte os llame hasta su compañía.

    El que primero llegue, que le hable al nene del otro. De sus virtudes, de sus logros y sus tropiezos, que no tengáis que esperar al último día, para hablar bien de quien más queréis, para ver todo lo bueno que tiene, y saber de carrerilla las virtudes de vuestro compañero de fatigas.

    Os diría muchas cosas más, solamente me falta deciros que me gustaría que leyerais estas líneas, que os daría un abrazo a cada uno y que contéis con una Misa por vuestra familia. Dios os bendiga. Muchas gracias por vuestro ejemplo. Espero conoceros algún día.

    Os quiere: Antonio María

 

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