No perderá su recompensa

En el Evangelio de hoy podemos considerar tres cosas:

      La primera es la frase de Jesús: El que quiere a su padre o a su madre más que a mí, no es digno de mí. Hoy día no se comprenden bien estas palabras. Cuando daba clase en los Institutos como profesor de Religión, el primer día hacíamos una encuesta. Los chicos me preguntaban a mí y yo a ellos. Servía para conocernos. El segundo día dibujábamos una pirámide con una escala de valores en la pizarra y muy pocos ponían a Dios por encima de los padres. Sin embargo, veíamos cosas gracias que les servían para darse cuenta que algo no iba bien: el perro por encima de los amigos, la diversión por encima de la familia o la tele delante de los estudios.

    El segundo año dibujaba un círculo y entonces sí que les era fácil entender que Jesucristo tenía que ser el centro. Si Jesús es el centro de nuestras palabras, de nuestro pensamiento, de nuestra familia y de nuestro trabajo, entonces sí somos buenos cristianos. Entonces sí vivimos como Cristo quiere, y también entonces, es más fácil ser felices.

    Pero Jesús, sin rodeos, da un paso más: El que no carga con su cruz y me sigue no es digno de mí. Digamos que cuando ya hemos asumido lo anterior nos dice algo más difícil. Todo el mundo lleva su Cruz, pero no todo el mundo lo hace detrás de Jesús, no todo el mundo la carga con amor, como abrazándose. Cuando uno cuida a un enfermo, puede hacerlo de mala gana, o con ilusión. Cuando uno tiene que estudiar más de la cuenta para un examen concreto o para una oposición, cuando uno ayuda en casa, etc. ect. Puede llevarse esa carga como buen cristiano, y entonces esa carga hace feliz. Como dice San Ignacio en los Ejercicios Espirituales, eligiendo pobreza con Cristo pobre, es decir, la Cruz antes que otras cosas, para asemejarnos a Él, si se puede elegir.

    Por último, el Evangelio habla de tantas personas que han ayudado a los Apóstoles, por ser profetas (siendo profeta en aquella cultura el que habla de Dios), a los discípulos, a los misioneros, a todas las personas dedicadas a la predicación del Evangelio. Hay personas que dicen que cada país es gobernado por aquellos que el país merece. Yo creo que, de una forma similar, cada Parroquia está como sus feligreses quieren tenerla. Está limpia y está viva si sus parroquianos colaboran. Si el pueblo no sigue es imposible correr, o no sirve para nada: corres solo. junio 2011 012

    Por eso es bonito este día para dar gracias a tantas personas, no sólo por lo que hicieron en el apoyo diario de cada comunidad cristiana, de cada Templo, sino a mí personalmente. Me acuerdo de tantas personas buenas, de tantos de vosotros que habéis puesto vuestro granito de arena en cosas personales cuando la familia estaba lejos, o en trabajos parroquiales. Que Dios os lo pague a todos, os lo digo de corazón. De este pueblo y de todos aquellos por los que he pasado.

     Nombrar a todos puede que sea imposible, pero sí que podemos adjuntar algunas fotos. No sin antes, terminar como ha terminado el Papa: “En la medida en que un pastor esté cerca de Cristo, vivirá cerca de su pueblo y el pueblo le ayudará; de la misma manera, si está cerca del pueblo, vivirá también cerca de Cristo”. Eso os pido a todos, así como agradezco las muchas oraciones con las que pedís al Cielo por mí y por mi familia. Dios os bendiga.

 

Quiero compartir con vosotros las palabras que ha dicho el Papa en el Ángelus de hoy en la plaza de San Pedro:

También puede interesarte alguna que otra homilía: No tengáis miedo

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