¡Cuánto te quiero y cuánto te he querido!

     El sol se escondía minutos después de dar sepultura a Eulogio. Un largo pésame había seguido a la Misa celebrada en la Parroquia de Nuestra Señora de la Asunción de Santa María del Campo Rus.

     Queridos María Ascensión, José Carlos y Eulogio, de papá me quedo con dos cosas sencillas pero muy importantes. Conozco a un sacerdote que de niño le había dicho a otro mayor: “yo no puedo ser sacerdote porque no sé hablar”. Y el anciano le contestó: “para ser sacerdote no hace falta saber hablar, hace falta saber callar”. Creo que papá sabía callar. Muy importante en nuestro tiempo.

    Pero también me impactó algo que habéis heredado los tres, una palabra que se usa poco: el tesón. Podríamos decir que es una mezcla de voluntad y constancia. Era un hombre sencillo pero os enseñó a ser constantes. Por eso, sólo quiero poner el ejemplo de tus viajes Bruselas – Santa María, Santa María -Bruselas, que ya te deben conocer en el aeropuerto: “Éste es el de Cuenca”. Sigue así. Y tú, Concha, déjate querer. Ves donde te digan estos hijos que tienen que han hecho posible que estuvierais siempre muy orgullosos de ellos.

     ¡Qué hermosas palabras las que repetía estos días! “¡Cuánto te quiero y cuánto te he querido!” El pretérito perfecto compuesto significa que el tiempo aún no ha terminado, significa que la sigue queriendo. ¡Qué dicha, Concha! Tanto cariño acumulado. Si no sólo recordáramos las desgracias, las malas pasadas, de compañeros de trabajo, familiares y amigos, si fuéramos capaces de recordar lo bueno, la caridad, el ánimo, pero todo ello sumado, almacenado en el corazón del agradecimiento, al decir: “cuánto te he querido” diríamos mucho más de lo habitual, como Eulogio. Expresaríamos lo que tendría que ser normal pero es poco habitual porque sólo sacamos rencillas, rencores y reparos en lugar de alegrías, favores y amparos. Dios quiera que vivamos esa versión siempre presente, pasado y futuro del Amor verdadero.

     Hoy le pedimos a Jesús, no sólo por su eterno descanso sino también por el nuestro. Cómo ha dicho Paco al final, los que quieran, puedan y sepan, recen por nosotros y por todos, para que podamos encontrarnos en la vida eterna.

    No me mueve mi Dios para quererte el Cielo que me tienes prometido, ni me mueve el infierno tan temido para dejar por eso de ofenderte.

Tú me mueves, Señor, muéveme el verte clavado en una Cruz y escarnecido, muéveme ver tu cuerpo tan herido, muévenme tus afrentas y tú muerte.

Muéveme en fin, tu amor y en tal manera, que aunque no hubiera Cielo yo te amará, y aunque no hubiera infierno te temiera.

     No me tienes que dar porque te quiera, pues, aunque lo que espero no esperara, lo mismo que te quiero te quisiera. 

      La espera de la Resurrección de los muertos no debe ser en nosotros algo pasajero sino vital. Fuente de esperanza, causa de unión. En esa Fecha hemos crecido y eso espero para mí, además de la muerte dulce, que ha tenido Eulogio, que no debemos confundir con lo que llaman “muerte digna”, espero y pido para mí, morir rodeado de mis hijos, con mi esposa cerrándome los ojos y Jesús viniendo a buscarme.

    Para cada uno de todos los del pueblo pedimos hoy esto que pedía Paco, médico de vocación y profesión, Católico practicante sin respetos humanos ni componendas del “qué dirán”. Gracias familia, por vuestro apoyo y vuestro ejemplo. Descanse en paz+

 

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