Nos has llamado al desierto

      El primer domingo de Cuaresma nos invita a meditar sobre la marcha al desierto de Jesús para preparar sus tres años de vida pública, donde anunciaría el Reino de Dios. Es importante para los cristianos vivir en la constancia del “hágase tu voluntad”. Solemos cansarnos y en España, quizás, todavía más.

       En el Salmo Responsorial hemos repetido: Tus sendas, Señor, son misericordia y lealtad para los que guardan tu alianza. El sentido de la Alianza entre Dios y los hombres arranca con Abraham y se repite junto a la zarza ardiendo en el Sinaí. El pueblo elegido había salido al desierto para dar culto a Dios, pero se cansaron de esperar a Moisés y construyeron un becerro de oro al que adoraban diciendo: Este es tu Dios, Israel, el que te sacó de Egipto. Resuenan de forma majestuosa las palabras del Primer Mandamiento de la Ley de Dios: No tendrás otro Dios más que a mí. 

     Pero se cansaron de sus dones, porque soñaron con Egipto. En Egipto eran esclavos pero tenían comida. Tenían  ajos y cebollas, y preferían eso al maná que Dios les mandaba cada mañana. Hay ocasiones en que nosotros preferimos los bienes materiales a los espirituales. Hay ocasiones en que “por un plato de lentejas” somos capaces de vender la predilección del Señor por nosotros. En el Bautismo también Cristo hizo un pacto, prometiéndonos la vida eterna. La Tierra Prometida del pueblo elegido es premonición y signo del Paraíso, pero para llegar a ella hay que renunciar a los ídolos de Egipto, a los ídolos del mundo. Ni el dinero, ni la fama, ni el poder nos dan la felicidad. Quizás nosotros no tenemos dinero pero estamos demasiado apegados a lo que tenemos. Quizás no queremos fama, pero nos aceta mucho el qué dirán. Quizás no aspiramos a grandes poderes pero queremos salirnos con la nuestra. Nunca cedemos.

        El Señor nos invita a meditar, a retirarnos al desierto de nuestro corazón, solos, para ver si realmente estamos poniendo a Dios donde corresponde. La Cuaresma es una ocasión para reflexionar sobre cuánto tiempo dedicamos a lo más importante de nuestra vida y en nuestra vida. Quizás estamos preocupados de cosas que no importan nada y no dejamos tiempo suficiente a “lo único necesario”. Detrás del refrán mal entendido: Primero es la obligación y luego la devoción, hemos dejado para después, porque Dios no se queja, las obligaciones más sagradas, sin darnos cuenta de que además de devoción, también eran obligación. Puede ser devoción rezar el Rosario, o los Siete Domingos de San José, pero no podemos quitar a Dios de nuestra vida diaria, pensando que la obligación va primero. ¿Qué obligación? ¿La que da dinero?. ¡Qué persona más pobre la que SÓLO tiene dinero!. Sin embargo, cuando Dios va lo primero, todo lo demás viene por añadidura. Ni siquiera hace falta renunciar a ello, siempre que sea sano. Lo mismo puede pasarnos con nuestra familia, el rendimiento escolar… Lo más importante de la vida, es que lo más importante, sea siempre lo más importante. 

      Por último, quisiera compartir una reflexión referente a aprovechar nuestro tiempo para no dejar de lado a Dios. Muchas veces dejamos de ir a Misa, o dejamos de rezar,  (o también de estudiar) porque tenemos otra cosa simultáneamente. Es más fácil decir: no puedo ir a Misa porque tengo un viaje. No nos paramos a pensar si puedo cambiar el viaje de hora, o buscar Misa a otra hora. Parecemos niños chicos poniéndonos excusas a nosotros mismos. Para nosotros puede ser perjudicial porque nos acomodamos, pero si no ensañamos a nuestros jóvenes a compaginar la Fe con los quehaceres cotidianos, si no enseñamos a que deben saber hacer cuatro cosas la misma tarde, podemos estarlos condenando a apartar a Dios o a conformarse con el fracaso escolar por no haber aprendido que en un día cabe Dios y muchas cosas más. Estoy contento con todos los niños y sus madres que dejaron los cumpleaños del día 14 de febrero (varios en el mismo pueblo), por asistir a la imposición de la Ceniza en la Santa Misa de la Parroquia. Cabe todo, solamente hay que discurrir pra que sea posible y poner los medios. Lo contrario atasca a la persona, a la familia, e incluso al pueblo.

     Quisiera terminar con la oración que la Liturgia nos regala para este domingo I de Cuaresma, justo antes de la Bendición final, como invitación a vivir esta Cuaresma llenos de una esperanza que nos vivifique. 

       Oración sobre el pueblo

Te pedimos, Señor, que descienda sobre tu pueblo la bendición copiosa, para que la esperanza brote en la tribulación, la virtud se afiance en la dificultad y se obtenga la redención eterna. Por Jesucristo, nuestro Señor. 

Te invito a leer otro artículo que narra las tentaciones del Señor en el desierto: Satanás ¿sigue tentando?

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